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viernes, 25 de marzo de 2016

Bárbara Rother-Conectando el corazón-~ Reflejos de la infancia ~




Conectando el corazón
Por Bárbara Rother

~  Reflejos de la infancia ~


Hace poco, Steve y yo dimos un paseo divertido con nuestro hijo Austin,  su esposa Frauke y nuestro nieto Timmy.  Nos reunimos con frecuencia y creamos recuerdos preciosos. Nos aventuramos a nuestro centro comercial favorito que tiene un espacio lleno de actividades para las familias. Nuestra cámara disparaba constantemente, porque nos encanta contemplar a Timmy descubriendo el lugar de los juegos y a los otros niños.  Ver a nuestro hijo con una familia propia nos entibia el corazón.

Antes de eso, nos detuvimos en una tienda para que ellos pudieran comprarle ropa nueva a Timmy. ¡Parecería que crece una pulgada por día! Steve y yo lo cuidábamos para que sus padres pudieran dedicarse a comprar.  Ya  casi tiene año y medio, de manera que todo es una aventura. Es refrescante ver el mundo a través de los ojos de un niño.  Deambulaba por un salón vestidor lleno de espejos.  Admiraba su reflejo mientras daba vueltas para verse desde distintos ángulos y se detenía para darse un beso en el espejo.  Pude ver la verdadera aceptación que sentía ante su imagen.  Al mismo tiempo, me sorprendí  inspeccionando mi propia apariencia en el espejo. En vez de sentir una admiración total, como sentía mi nieto, yo veía mis defectos.  En el invierno aumenté un poquito de peso y no me gustó cómo se me veía la ropa. Tuve que reírme y decirle a Timmy que su gesto me recordó que debía amarme incondicionalmente.  Entonces recordé algo que había olvidado hace largo tiempo. A la temprana edad de tres o cuatro años, recuerdo que hice lo mismo que hizo Timmy con el espejo del vestidor, mientras mi madre se quejaba de que nada le quedaba bien.

¿A qué edad perdemos esa inocencia?  ¿Cuándo olvidamos esa aceptación total de lo que somos?  Mi primer recuerdo es de cuando tenía unos doce años. Era alta y muy delgada para mi edad.  Aunque tenía buenos amigos y era una excelente alumna, elegí concentrarme en unos pocos compañeros agresivos que me llamaban "cuello de jirafa" y "larguirucha." Poco podía prever a esa edad que años más tarde, en mi adolescencia, este tipo de cuerpo me llevaría al modelaje, teniendo la figura que las jovencitas deseaban. Pero en aquel entonces, permití que unos pocos me hicieran dudar de mí misma. Mi falta de confianza me hizo luchar para comprender quién era yo. Debo decir que cuando conocí a Steve, a los dieciséis, admiré su confianza.  Me ayudó a desarrollar confianza en mí misma. Más tarde y a través de las experiencias de la vida, descubrí la manera de valorar mis capacidades.  Fui creyendo más en mí misma cada vez que me atrevía a enfrentar el mundo y ver lo que podía hacer.  Esa autoestima ha crecido a través de los años, a medida que salía de mis zonas de confort y comprobaba lo que podía lograr.  He crecido para convertirme en la persona que deseaba ser.

No podemos compararnos con nadie más.  Es muy importante que recordemos que nuestra belleza reside en nuestro interior y se proyecta hacia afuera.  Descubrir lo que nos apasiona nos muestra lo especiales que somos realmente.  Todos somos imperfecciones perfectas.  Es lo que nos hace únicos.  Somos individuos provenientes de diferentes orígenes, conectados por medio de nuestros corazones. Es muy importante apoyarnos los unos a los otros en vez de destruirnos.  Dedíquense un tiempo a mirarse en el espejo y agradecer lo que son.  Admírense y, ya que están,  denle un gran beso a su reflejo.

Con amor y luz,

Bárbara Rother

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